martes, 14 de abril de 2009

PIROPOS MANÍA




Dolores era una mujer dulce y encantadora. Tenía 45 años, estaba casada y tres hijos. Su vida era monótona, nunca había trabajado y su marido ganaba lo suficiente para que no tuviera que ir nunca a esclavizarse en una oficina. Así su vida transcurría entre la casa, las comidas que preparar, las compras al supermercado, las lavadoras y los cotilleos con las vecinas del barrio. Las vecinas y amigas suyas eran soporíferas, aburridas y bastante incultas. Ella necesitaba algo para darle un poco de sal en su vida sino no iba a aguantar tanto aburrimiento.


Un día, paseándose con el carro repleto de verduras, detergente, botellas de agua y lejía, se dio cuenta de lo que le faltaba: oír piropos. Necesitaba piropos, cumplidos para sentirse mujer. Con el marido, se limitaban a un sábado-sabadete y adiós, misión cumplida. Quería descubrir un nuevo mundo de sensaciones. En su juventud su marido la había escrito unos piropos pero luego se casó y nada de nada. Se acabó la imaginación.
Busco en su baúl de los recuerdos y se acordaba que él al principio le soltaba piropos un poco picantes. Pero con los años, el hombre, una vez casado, se dedicó su trabajo y a jugar a la Nintendo.
Decidió volver a oír piropos. ¿Pero dónde y cómo?
Mientras pelaba patatas, llamó a su gran amiga Clarisse, que sabía mucho de hombres:

-Mujer, debes pasear tu cuerpo serrano delante de unas obras.

-¿Para qué? No te entiendo.

-Por los obreros, tonta, los albañiles. Son los reyes de los piropos.

-¿Estás segura? ¿Dónde hay obras?

-Barcelona es una obra entera, cariño, ves a cualquier sitio y me contarás. ¿vale?

-Bien, te diré algo.
Dolores volvió a casa después de comprar hierbas para caldo y reflexionó sobre lo que le comentó Clarisse. Era buena idea, la verdad.
Así fue cuando tomo la decisión de ir a desfilar delante de una obra después de fregar el suelo con Mister proper. Estudió el mapa de Barcelona y decidió pasar por las calles donde iba a pasar el ave. Allí seguro que había muchas obras.
Pero el primer día, llamó a Clarisse:

-Por favor, acompáñame, no puedo ir sola.

-Espérame, saco el coche del parking y vengo corriendo.
Clarisse llegó, subió corriendo al quinto piso donde Dolores vivía desde hacía más de 15 años:

-Hola “femme fatale”, ¿Estás preparada?

-Creo que sí. ¿Cómo estoy?
Clarisse levantó los ojos al cielo, reprimió una risita le sentenció:

-De pantalón, nada, te pones una falda, te quitas esta chaqueta que pareces una yaya retirada haciendo punto de cruz, te sueltas la melena, la cola de caballo para fregar el suelo vale, pero para tus asuntos amorosos, no pega, nena. Te pones un poco de brillo en los labios, te lavas las manos que hueles a detergente y a coliflor, te quitas el sujetador, y pones una faja para que esta barriga de tres partos no se note tanto. ¿Capito?

-¡Clarisse, no te pases!

-Dolores, si no consigues que te silben unos paletas, estas acabada.¿ Entiendes?

-Capisco.
Dolores se cambió, después de pedir a Clarisse que le repitiera todo lo que había ordenado más despacito. Al cabo de dos horas, estaban las dos mujeres en la calle. Listas.
Era un martes soleado de primavera, a las doce del medio día, hora punta para el almuerzo de los obreros.

-No veo, ninguno.

-Aquí mismo, a la derecha detrás del camión, susurró Clarisse, uno con casco amarillo, y uno torso que no te cuento, esta bebiendo una lata de coca cola, igualito que en la publicidad. Ves allí y desfila delante del con cara de inocente.

-No, mira, volvemos a casa…

-Ves ahora mismito o les digo que no llevas bragas.

-Voy.
El prime piropo salió disparando:

-¡Pelirroja.. .qué linda salsa para mi fideo!

Dolores no pudo quedarse un minuto más, se fue corriendo a casa para recuperarse de la emoción. Qué sensación, dios mío! Le daba mucha vergüenza, pero el piropo le había emocionado como nunca. Clarisse le mando un sms:
“Bravo nena.”
El día siguiente, se puso un blusa un poco desabrochada, unas medias negras y los tacones que le traían suerte. Se pasó delante de otra obra, por si acaso:

-¡Pelirroja! ¡Con esta mirada tan dulce, me dan ganas de chuparte un ojo!
No pudo evitar sonreír y se fue corriendo, casi se cayó por culpa de los tacones. Cuando llego a casa, se sirvió un vaso de agua, estaba sudando y se tuvo que sentar un rato. Pero le había gustado.
Miro el mapa de Barcelona y se hizo un planning de obras. Cada día de la semana, iría a pasar delante de una construcción cualquiera.
Miércoles, calle Provenza con Calabria, después de pasar por la farmacia:

-¡Qué curvas más peligrosas, nena!
Dolores se sentía flotar en una nube, Dios, sentía una ola de calor subir por todo su cuerpo. Nada que ver con las cursiladas de su marido, jajajaja
Jueves: obras del metro línea violeta:

-¡Niña con este cuerpo, yo te haría un traje de saliva!
Este ya no le había gustado tanto, apenas si notó algún escalofrió, tachó lo de la línea violeta de su lista.
Viernes. Edificación de pisos en la zona alta:

-¡Chavalota, tienes dos ojos que como dos sartenes que cuando me los miro se me fríen los huevos!
Este sí que era muy bueno, Dolores empezó a sacar el abanico para refrescarse y se fue al primer bar y se escondió en un lavabo. No tardó ni un minuto en tener un orgasmo. Llegó a casa con cara de felicidad absoluta, y se puso a preparar unos canelones de carne con bechamel, mañana era domingo.
Sábado: pavimento de la calle Córcega con villaroel:

-¡Dicen que Dios hizo a la mujer perfecta, pero es que contigo se pasó.”
Dolores le sonrió al obrero y se fue al bar a pedir un carajillo y luego se fue al servicio.
Esta noche cocinó una pata de cordero que había dejado marinar toda la mañana y su marido la felicitó.
Domingo: no hay obras el domingo. No se acordaba. Dolores estaba desesperada. ¿Cómo iba a esperar al lunes? Le pidió a su marido si se acordaba de unos piropos de su juventud:

-¿A ver cariño, a qué viene esto?

-Si dime uno, seguro que te acuerdas de uno, haz memoria.

-¿Eres la princesa de mis sueños?
Dolores estaba furiosa, qué necio por Dios, se tuvo que tomar un somnífero para dormir. Pero mañana es lunes.
Así transcurría la vida de Dolores entre los” Dónde venden los números para ganarme este premio” y las croquetas de pollo, los ”Dime cómo te llamas y te pido para los Reyes” y las cremas de espinacas, los “Camina por la sombra que el sol derrite los bombones”” y las verduras con bechamel.
Cada vez oía más piropos, cada vez se emocionaba más, cada vez tenía más orgasmos, cada vez se reía más del necio de su marido y cada vez cocinaba mejor. Todo volvió a la normalidad en la vida antes soporífera de Dolores.
Al final, se enamoró de Manolo, el jefe de obras. Pidió al divorcio al necio de su marido e instaló a Manolo en su piso. Este le soltaba piropos cada día, cada vez más osados, picantes y guarros. Era feliz. Pero, Manolo empezó a instalarse cada vez más en el sofá, a tener el mando aferrado a la mano, a beber cervezas, a eructar mirando partidos de futbol y poco a poco, se comportaba como un marido. Dolores, intentaba provocarle pero en vano. Manolo se parecía cada vez más a su ex marido.
Clarisse, que estaba al tanto del drama de su amiga, le indicó un barrio que estaba en plena renovación y Dolores, después de poner una lavadora a de ropa de color, dejó la verdura preparada, colgó la ropa y se fue en dirección a la obra, dónde había puesto los ojos sobre un guapísimo albañil rumano.

12 comentarios:

  1. Irene, se dice: Tenía 45 años, estaba casada y tenía tres hijos" . Si no te gusta repetir "tenía", debes buscar otros fórmulas. Tal como lo has puesto, los hijos no están, se tienen.
    Por lo demás, aparte del merecido piropo que te he dedicado por tu fecunda imaginación, me gustaría decirte que a este relato no le vendría mal situarlo en una época pasada, que actualmente creo que esto de los piropos y los obreros ya no se estila. Unas simples pinceladas de un tiempo pasado, en que los hombres andaban salidos, le puede aportar una marco más creíble al relato.
    Sólo esto quería decirte aquí.

    Un saludo y darle a la pluma

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  2. Ignasi, lamento contradecirte, pero trabajo cerca de varias obras, y tengo que comunicarte que los piropos siguen formando parte de los usos y costumbres de los obreros nacionales e internacionales.

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  3. Ignasi,

    Estoy de acuerdo con Sonia.
    Ven un día con nosotras, y paseate delante de unas obras, entre los comentarios y las miradas, es para salir corriendo....

    Irène

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  4. Me apunto...aunque si me ven a mí, se cortarán....

    Saludos

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  5. jajajajajajaja

    ¿Sonia, cuando nos llevamos a Ignasi a pasear delante unas obras?
    Todo vale para demostrarle que está un poco equivocado sobre ciertos temas...

    Irène

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  6. jajajajajajaj Pues habrá que disfrazarlo de mujer para que los obreros no se corten delante de él... No sé yo si Ignasi se prestará a una sesión de transformismo, jajajajajajaja...

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  7. "Menuda pareja de peligrosas, si no existierais tendríamos que inventaros". ¿Me vale como piropo?

    Muy buena idea la de ilustrar los relatos con imágenes, Irène.

    Me gusta ese final inconformista de Dolores.

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  8. Waaaaaaaaaaaaaaaaaaauuu con el piropo de Mariano!

    Irène

    (que poca seriedad hay en este blog, me encanta...)

    Irène

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  9. ¿Qué estaís tramando hacer conmigo?
    Con dos bellezas como vosotras, me lo dejo hacer todo...

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  10. Donde están vuestras madres, para darles un premio!!!! jajajajajajajajajajaja

    Yo si que me presto a una sesión de transformismo, pero os advierto que tengo un aspecto de travelo que espanto eh? jajajajaja

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  11. Madre mía, Irène, al final para escuchar cosas bonitas, va a ser mucho más eficaz pasearnos por este blog que delante de las obras! jajajajaja... Muchas gracias a los tres por tan amables piropitos, se agradecen mucho.
    Juanmi: una buena peluca negra, una sesión de depilación, un poco de maquillaje y saco de tí a una hembra capaz de parar el tráfico en la gran via. Palabrita.

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  12. Quien fuera escritor, para regalarle algunas letras... soy obrero de la construccion, y solo tengo esta herramienta...

    En chile son todos unos maestros de la poesia en en la construccion---

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